de Mariano Martín

sábado, 26 de marzo de 2016

Siete


La calle de adoquines y la casa vieja fueron testigos. Esas siete horas de novios, matándonos a besos, entre el 5 H, lo de Roberto y la plaza. Tarareando un tango juntos con un vaso de cerveza en la mano, cuando no entrelazando nuestros dedos. Los ojos cerrados, los oídos abiertos y el corazón latiendo. Latiendo, pero no por la inercia misma de la vida, latiendo de vida.
Ahora se me relajan los músculos, el primer compás del dos por cuatro y un suspiro que se escapa, soltando un pedazo revejido de uno. Enfrente Oscar cantando, me canta a mi, al pibe del fondo abrazado a vos, linda. Nos canta a los dos, les canta a todos, le canta a Almagro, el barrio que me supo adoptar por siete años. Curioso, siete horas y siete años. Ambos se fueron. ¿siete horas en el barrio y siete años con vos? ¿O al resve? Relativo todo. Lo cierto es que ambos sietes ya están, se esfumaron en el mismo tiempo, al mismo tiempo. Todo junto.
Me tapan las cajas mientras el sol se asoma entre las nubes. Las cajas, entre ellas la de tu regalo. Es una pavada, cosas viejas que capaz nos perpetran en el tiempo. Esa vieja remera con las caras del rock de los setenta. Pero que va... ¿no ves? Otra vez el siete, ahí en los setentas, marcando el nombre de la década en las decenas. No creo en las casualidades mi amor. Numerología del siete, a ver. Signo del pensamiento, la espiritualidad, la conciencia, el análisis psíquico, la sabiduría. El número del intelecto, el idealismo y la represión. No va más, ahí tenés. Algo tenía que ver.